Sunday, May 06, 2007

DELILLO




Contrapunto (Tres peliculas, un libro y una vieja fotografia)

1
La primera película empieza con una escena que dura unos cuarenta segundos: una figura lejana en un paisaje glacial, sola con una jauría de perros que aúllan.
A continuación la escena se convierte en un recinto lleno de gente, un iglú, noche, tal vez una docena de adultos y varios niños, con lámparas de aceite alumbrando el rostro de un chico llamado Atanarjuat, de tres meses de edad.

Hay muchos grandes primeros planos de rostros en la película: individuos brevemente apartados del mundo de hielo y cielo que los envuelve. A media película, Atanarjuat, hecho ya un hombre, corre por salvar su vida. Tres hombres lo persiguen, armados de lanzas y cuchillos. El hombre que huye va desnudo, tomado desde lejos, luego en primer plano, luego en gran angular desde arriba, mientras corre por una orilla rocosa y por el mar helado, ensangrentado y muerto de frío; y éste es el corazón, notablemente escueto, de Atanarjuat: El espíritu del ártico, versión cinematográfica contemporánea de una leyenda inuit que tiene más de quinientos años y que se ha transmitido oralmente de generación en generación. La segunda película empieza en casi monocromo, con una figura acercándose desde la distancia profunda, por una vasta extensión de hielo.

No es Atanarjuat, el corredor desnudo, sino Glenn Gould, el pianista clásico.
Treinta y dos cortometrajes sobre Glenn Gould es una película de noventa y tres minutos, donde cada episodio independiente, o variación, va precedida de un título. No es un documental. Hay un actor que interpreta a Gould, pero también hay entrevistas con personas que lo conocieron, incluido Yehudi Menuhin, el violinista, y estos individuos actúan como contrapeso de la intencionada ligereza del filme, una condición incorpórea resultante del esquema episódico y de lo escurridizo del tema.
La película nos da a conocer a un hombre intenso y divertido, con la mente y el cuerpo inundados de música, que mantiene las manos (a veces con mitones) en movimiento, incluso cuando no hay piano alguno en su cercanía. Es canadiense, por supuesto, sentimentalmente comprometido con el riguroso norte. Ésta es una película de distancias. El artista, adepto de la soledad, vive al borde de esa inmensidad psíquica, otro mundo de hielo y tiempo e introspección invernal.

También trata del sonido, esta película. En una cena muy concurrida hay voces por capas y por zonas, algunas solapadas en otras, en contrapunto, y hay música de principio a fin, o sonidos dispuestos en el tiempo, procedentes de radios, fonógrafos o conjuntos de cámara, y playback de estudio. La gente se habla desde una distancia, mediante teléfonos o micrófonos. Se oyen pisadas, aplausos, el chirrido de las cintas al rebobinarse. Los entrevistados hablan en francés, en inglés, en inglés con acento extranjero; y Gould se entrevista a sí mismo, para observar que la relación entre el público y el artista es como de uno a cero.
Es el artista remoto, el inclinado al laconismo, que, afirma Menuhin, lleva adelante su existencia con exclusión del resto del mundo, bajo varias capas de ropa, incluso en pleno verano, evitando el contacto con los demás. Es también el intérprete artístico que deja de interpretar a los treinta y un años, para dedicarse a los aspectos técnicos de la grabación musical.

Varios episodios de la película parecen metidos a la fuerza, pero el caso es que si el filme se denominase Veintinueve cortometrajes sobre Glenn Gould, nos quedaríamos sin la resonancia que, a partir del título, nos lleva a las Variaciones Goldberg de Bach, que son treinta y dos, contando el aria y el aria final.
Posee la película una claridad excéntrica, y en ella siempre hay algo moviéndose en la distancia. Es el propio Glenn Gould. En un empeño menos sensible al tema por ellos mismos elegido, ambos, el escritor y el director, habrán tratado de comprimir la distancia, de hallar alguna traza del hombre tangible, algo que nos resultara familiar a todos, una línea secundaria relativa a su rabia interior, su voluntad de control total, su persona sexual, un sentido de paranoia y de su hipocondría, su larga lista de médicos y medicamentos, su manía obsesiva de estarse siempre tomando el pulso y la tensión sanguínea... Cualquier enredo de terror que pudiera coexistir con los altos designios del artista espectral.

No ocurre ello en este filme, lo cual nos dice mucho de su categoría y eficacia. Aquí tenemos al artista con todas sus rarezas y en todo su aislamiento. En su película, en sus propios términos, aunque la hayan hecho otros, once años después de su fallecimiento. No tenemos por qué saberlo todo del hombre. Menos que todo puede ser el hombre.

En las novelas de Thomas Bernhard, la mente humana en condición de aislamiento es el final de la espiral temática. Bernhard, que poseía formación musical, imagina en El malogrado que Glenn Gould es amigo suyo, que ambos son alumnos de Horowitz, y que Gould es un hombre compulsivamente preocupado por su arte, cualidad que necesariamente habrá de destruirlo. Debe quedar entendido que Bernhard, por su parte, escribe una prosa de tan infatigable intensidad en su camino hacia una idea fija que a veces se aproxima a un nivel de delirio autodestructivo. Suele tener gracia, en ese nivel.
El Glenn Gould de la novela no es el mismo hombre que vemos en Treinta y dos cortometrajes. Es un hombre fuerte, grosero incluso, en ocasiones: llega a estrellar una botella de champán contra una escultura. Bernhard afirma insistentemente que su Glenn Gould es más interesante que la fantasmagórica figura por todo el mundo admirada.

Pero, ¿hasta qué punto no es el propio Bernhard quien se dirige al lector? El narrador, sin nombre, mantiene en el transcurso de un monólogo que ocupa todo el libro que la interpretación de Gould de las Variaciones Goldberg es responsable del suicidio de un amigo de ambos, Wertheimer. No sólo el suicidio de Wertheimer, sino también su vida, desastrosa en gran parte, pueden guardar relación con el genio de Glenn Gould, un día en Salzburgo, al servicio de Bach. Wertheimer es El malogrado a que se refiere el título del libro.

Si Wertheimer, hace veintiocho años, no hubiera pasado ante el aula treinta y tres del segundo piso del Mozarteum, como recuerdo, exactamente a las cuatro de la tarde, no se hubiera ahorcado veintiocho años más tarde [...]. La fatalidad de Wertheimer fue haber pasado precisamente ante el aula treinta y tres del Mozarteum, en el momento en que Glenn Gould tocaba, en esa aula, la llamada Aria. Wertheimer me contó de su experiencia que, oyendo a Glenn, se detuvo ante la puerta del aula hasta el final del Aria. [...] En 1953, Glenn Gould aniquiló a Wertheimer.

Eso es lo que el genio hace: encogerles la voluntad a los demás. Pero también puede generar una rara añoranza en el admirador, el anhelo de mezclar entornos. Bernhard, la más de las veces, llama Glenn al pianista, tuteándolo, y elabora una transferencia, de músico menor a músico mayor. Menciona la enfermedad pulmonar de Glenn, pero de hecho era Bernhard quien había padecido gravemente de este mal. En la novela, Glenn muere a los cincuenta y uno (y no a los cincuenta), quizá porque Bernhard cumplió los cincuenta y uno el año en que Glenn murió.

Hay matices de identidad entre el autor, el narrador y el personaje. Hay la duplicación Bernhard/Gould y también la escisión entre Bernhard el pianista y Bernhard el novelista.
Pero, ¿dónde está el novelista? Está en una habitación, en Viena o en Salzburgo, escribiendo frases para un narrador que no es él, pero sí es él, pero no es. Al final, el narrador es un actor no identificado en los créditos y que interpreta el papel de Thomas Bernhard de un modo muy parecido al del actor de carne y hueso interpretando a Glenn Gould en Treinta y dos cortometrajes.

Creía yo ser una de las diez personas de este mundo que están al corriente de que el segundo nombre de Thelonious Monk es Sphere. En el documental Straight No Chaser, “sphere” [esfera] es la tercera palabra que se pronuncia. La primera es Thelonious. La segunda también.
Las palabras llegan tras la música, en una secuencia inicial con Monk en escena —de pie, girando sobre sí mismo—, con su banda detrás, tocando. Lleva un gorro ajustado, de Asia central; y luego corre hacia el piano, para evitar que el grupo termine sin él.

Monk efectúa esos giros sobre sí mismo varias veces en el transcurso de la película: vueltas de meditación que podrían constituir una variante bop de alguna danza mística de algún derviche. Aparece con una docena de tocados distintos —boina, fedora, simple gorra, casquete, fez modificado— y, al piano, suda y brilla, muy especialmente en los placenteros fragmentos en blanco y negro de alto contraste, en los cuales aparece sentado en un primer plano fosforescente, con negro compacto detrás.

En un momento dado aparece en la cama, con sombrero, en su habitación del hotel, tapado hasta la barba con la sábana. Es en algún lugar del norte de Europa y está pidiendo algo a un camarero que se halla en la habitación como por casualidad y que toma nota de la sorprendente petición de Monk, higadillos de pollo. El camarero puede tomar medidas en lo tocante al pollo, puede poner en marcha una comanda de hígado, pero no parece situar ambas cosas en el mismo contexto comestible. Puede ser un problema de idioma.
Monk utiliza el lenguaje de un modo expresionista, emitiendo sonidos hablados durante buena parte de la película, en niveles de expresión que rara vez superan la farfulla. Glenn Gould solía tararear con la boca cerrada mientras tocaba el piano. Monk tararea mientras habla. Es un hombre listo y complejo, pero tiende a ver en el habla un fatigoso subgénero de la música. Sostiene un curioso diálogo con uno de sus camaradas sobre una cuestión técnica relativa al sol bemol. Y cuando le dan un bolígrafo para firmar autógrafos, se empeña en utilizar un papel como Dios manda.

—Cumplamos con la etiqueta —dice.
Hay otros momentos no tan ligeros de tono. Sufrió periodos de depresión y de profunda introversión. Hubo periodos de varios días seguidos recorriendo la habitación del hotel de un lado a otro, hasta desmayarse de cansancio. Pasó tiempo en el hospital, y su hijo observa: “Es asombroso mirar a tu padre a los ojos y darte cuenta de que no sabe exactamente quién eres.”
En la película va dando vueltas sobre sí mismo, inescrutablemente, con los ojos cerrados, mientras el batería toca detrás de él.

Los autores de la película no se andan con remilgos al hablar de las dificultades de Monk, en cuanto se mantienen fieles a su propio método, que consiste en reunir filmaciones de archivo, rodar material nuevo y dejar que la película salte directamente del tiempo, el espacio y el azar, con unas cuantas entrevistas y fotografías antiguas que están ahí para aportar un telón de fondo histórico.
Es jazz, a fin de cuentas, y la película tiene el aire de improvisación y de tensión estática característico del cine de finales de los cincuenta, Cassavetes y Shadows, con Mingus en la banda sonora, o Robert Frank y Pull My Daisy, con Kerouac de narrador. Fue ése el periodo en que emergió Monk como potencia musical, en el Five Spot de Nueva York, y la película ofrece fragmentos de casi treinta composiciones. Luego viene el propio Monk, al piano, tartamudeando y marcando el ritmo con los pies: en su condición extática natural, embrujado, en desconexión.

¿Hay algo nórdico en la música de Monk? Fresco, fresca, no es adjetivo fortuito en el momento. Su obra posee rasgos de independencia, de no necesitar nada de nadie. Compuso casi cien piezas de música, muchas de ellas se convirtieron en clásicos del jazz, y su modo de interpretar es, por momentos, sobrio y distante, oblicuo, libre de influencia híbrida: notas espaciadas, notas desentonadas, notas que faltan, notas en conflicto y, luego, tras una pausa, quizás un saltito vibrante, como un pico en el monitor del corazón.
Está haciendo arte moderno, tenso y salpicado, al modo de Pollock o de Godard.
Monk da vueltas sobre sí mismo en una terminal de aeropuerto, llena de gente, y luego en la habitación de un hotel. Es el jazzman en gira perenne, trastornado de muchas maneras, no una sola, y esas rotaciones implican la necesidad de crearse su propia geografía. El mundo se ha reducido a un solo metro cuadrado de suelo adoquinado, pero está dando vueltas, aún, y él da vueltas con el mundo.
A mitad de la película, en color, hay un primer plano de Monk al piano, muy próximo y muy corto. Está tocando Crepuscule With Nellie, se le ve de perfil, con la barba rala y blanquecina. En el dedo meñique lleva un anillo como una nuez, y tiene puesto uno de sus tocados más solemnes, de seda, azul medianoche, muy apropiado para un anciano sabio chino.

2
Monk se retiró misteriosamente y no volvió a poner el dedo en una tecla, ni en público ni en privado, en los seis años que transcurrieron hasta su muerte en 1982. Glenn Gould murió más tarde, ese mismo año, mucho después de haber abandonado las actuaciones en conciertos, aunque siguió grabando.
Thomas Bernhard escribe: “Conocí a Glenn en la Montaña de Monk.”
De Gould se ha dicho que es el equivalente musical de Brando y Dean. Escribió la música de un par de películas.

La narrativa de Bernhard es anticinematográfica. No hay casi nada que ver en su obra. Todo es relato personal y lanzar sentimientos, todo voz: ni rostros, ni recintos, ni días lluviosos. Hay referencias a calles y ciudades, pero ningún sentido del lugar, y las novelas suyas que he leído no tienen puntos y aparte, ni divisiones en el texto, ni quiebras de espacio que faciliten la lectura. La prosa de Bernhard tiene un pulso rápido y clamoroso. El narrador pronuncia elocuentes crónicas de la miseria, la enfermedad, la locura, el aislamiento y la muerte. Hay pasajes en que la narración amasa, comprimiéndolos, tal cantidad de estratos de aversión a los demás y a la propia persona, que se hace convulsivamente cómica. Y un hilo sombrío lo atraviesa todo: una noción de los temas y las pautas que recorren una y otra vez la mente.
La incomodidad de Glenn Gould ante el público le hizo sentir el deseo de dominar la cultura del estudio de grabación.

¿Qué dijo al respecto?
Dijo: “La tecnología tiene la capacidad para crear un clima de anonimato.”
Trabajó en ideas sobre la radio no lineal e hizo un documental titulado The Idea of North, en el que cinco personas hablan en contrapunto sobre la potencia y el aislamiento del Canadá profundo, con una voz dando paso a otra y, a veces, solapándose durante mucho tiempo, mientras ritmos de tren y ruido de ambiente añaden textura a la atractiva calidad de fuga que tiene la pieza.
Monk añadía textura de modos más inmediatos y sorprendentes. En los clubes, a veces empezaba a tocar una pieza y de pronto pasaba a otra, dejando al bajo, la trompeta y la batería colgados en el espacio.
Bernhard era un solitario que conocía a mucha gente. Nunca conoció a su padre, sin embargo, y experimentó el dolor de esta carencia durante toda su vida. Su obra y sus declaraciones públicas dieron lugar a grandes controversias y escándalos. Su casa de campo era un lugar prohibido —incluso, a veces, para los invitados—. La compañera de su vida fue una mujer treinta y siete años mayor que él. No se casó, no tuvo hijos. ¿Por qué tenerlos? ¿Qué es un hijo? Quienes producen lo que se denomina un hijo, afirmó, lo que de verdad están creando es “un pringoso y repulsivo posadero o un asesino de masas con barriga de bebedor de cerveza... Eso es lo que traen al mundo”.
Gould hizo su segunda grabación de las Variaciones Goldberg veintiséis años después de la primera; la segunda es más lúgubre y lenta, mucho más contemplativa. No sólo imagina de nuevo a Bach, sino que se adentra en una modalidad de diálogo con su propia condición mortal.
Monk escribió una pieza titulada Introspection. Dos minutos y doce segundos (más o menos, según la grabación que uno tenga en cuenta). Pero, ¿qué ocurre cuando la introspección desarrolla una densidad que borra el mundo de su alrededor?
Gould con abrigo, bufanda, guantes y gorra, sea cual sea la estación del año. Monk con sus astracanes y sus sombreros blancos de jipijapa.
Los tocados de Monk eran famosos. Pero cuando dejaba de hacer música se los quitaba. Permanecía en una habitación y rechinaba los dientes, o se quedaba con los ojos clavados en la pared, o paseaba de lado a lado, negándose a hablar.

“Lesiones y déficit y disfunción del sistema nervioso central”, según un médico, seguramente causados por una prolongada dependencia de las drogas.
Mucho antes de que se retirara de la vida pública hubo periodos de alteración. En un club de Boston se quedó inmóvil ante el piano, presionando las teclas, sin sonido, durante tantísimo tiempo que, al final, sus compañeros abandonaron el escenario. Estaba oyendo algo que ellos no oían.
Tras silencios largos, solía decir: “Monk sabe. Monk sabe.”
El prisionero queda incomunicado. Está solo, confinado, secuestrado. Éste es el castigo más duro que el Estado admite, dejando aparte la ejecución.
Bernhard pensaba que su arte dependía de dos cosas, su enfermedad y su locura. Padecía una anomalía del sistema inmunológico que daba lugar a problemas pulmonares, agravados a la vez, por una afección cardiaca. Todo ello venía a resultar en una enfermedad terminal a largo plazo, que él, según decía, “apreciaba mucho y explotaba” en su trabajo.
¿Dónde estaba su locura?
En su atlas del desprecio, la locura era función de la geografía. Ser austriaco era llevar a cuestas una despiadada memoria histórica, un relato de fascismo y antisemitismo que, en su personal valoración, venía a ser un equivalente moral de la locura.
Entre escenario y escenario, en una u otra ciudad, a Monk le encantaba salir a la calle y dirigir el tráfico un rato.

Glenn Gould dijo: “El aislamiento es un componente indispensable de la felicidad humana.”
También era, pensaba, el único modo que tenía de experimentar el éxtasis. Viajó en tren hasta la zona norte de Manitoba, pero nunca llegó al ártico canadiense, que era lo que él consideraba norte: le daba miedo volar y no quería o no podía recorrer largas distancias en barco.
En El espíritu del ártico, Atanarjuat, corriendo, desnudo, es un hombre que reacciona ante un peligro primario: hay otros hombres que quieren matarlo. Pero también puede parecerse a un individuo que trata de restablecer su sentido de aislamiento, su lugar natural en el paisaje. La vida en la morada de invierno hecha de bloques de hielo es muy gregaria y muy complicada, y en ella la propia introspección se convierte en dinámica de grupo. El hombre se adentra corriendo, con los ojos enloquecidos, en el cielo ártico.
En la raíz griega y latina de la palabra éxtasis hay una sensación de terror, de trastorno, de desplazamiento.

En un documental, Gould interpreta las Variaciones Goldberg en estudio, acurrucado en su banqueta baja: a la cámara, a veces, le cuesta trabajo localizar su cabeza entre la tapa del piano y la vara que la sostiene levantada. Su madre tocaba el piano con frecuencia durante el embarazo, y él, aquí, viene a ser, casi, una presencia fetal: el feto considerado como genio. Lo filman desde arriba y desde abajo, desde un lado y otro, la cámara se pega a sus manos y luego al rostro, mientras él tararea y canta y parece como si dijese algo, haciendo de vez en cuando gestos de director de orquesta con la mano libre. Hasta la repetición, los últimos minutos, con la cabeza a la altura del teclado, con el cuerpo sometido, no empieza a desentenderse de los dispositivos de grabación de sonido e imagen, fundiéndose con la música, con Bach y con Gould.

Hubo quien consideraba majestuoso el porte de Monk. Otros veían en él a un negrazo que permanecía impenetrablemente inmóvil en una habitación, tras unas gafas oscuras con armazón de bambú, ajeno a todos los señuelos de la conversación; otros lo tomaron por ciego, o mudo, o lo consideraron lisa y llanamente intimidante.
En su última voluntad, Bernhard cortó con un país entero, el suyo, estipulando que “nada de lo publicado por mí en vida, ninguno de mis papeles, dondequiera que se hallen, tras mi muerte, nada que haya escrito en ninguna forma, debe representarse, imprimirse, ni siquiera recitarse, dentro de las fronteras del Estado austriaco...”.

Ello incluye palabras garrapateadas en un trozo de papel.
En Delaware, la policía detuvo y golpeó a Monk por entrar en un motel segregado y pedir un vaso de agua.
El apellido original de Gould era Gold. Tenía él nueve años cuando cambiaron el apellido, y es algo de lo que, al parecer, nunca habló con nadie.
De niño, a Thomas Bernhard le gustaba hacerse el muerto. Le encantaba aterrorizar a su madre. Luego, escribió mucho para el teatro y, en cierto modo, trató de organizar su vida (y su muerte) como obras de arte interpretativo.

La idea de comer llenaba de espanto a Gould. También, a veces, la idea de la gente, de verse atrapado, de tener que hablar, de tener que tratar con otras personas. Al mismo tiempo, según él señaló, tenía determinadas “tendencias exhibicionistas” y le encantaba aparecer en televisión vestido de modo estrafalario o hablando con algún acento raro, haciendo burla de diversos personajes del mundo musical.
Uno de estos personajes era Vladimir Horowitz, su profesor de Salzburgo, según inventa Bernhard en la novela.

En culturas más antiguas, el solitario es una figura maligna. Pone en peligro el bienestar del grupo. Pero lo conocemos porque nos lo encontramos en nuestro propio interior, y en los demás. Vive en contrapunto, figura apenas visible en la distancia. Es ése quien es, en su soledad perdurable.
Hay un elemento en El espíritu del ártico que parece responder a la naturaleza de la película misma. Es la imagen de una figura solitaria en un paisaje arriesgado. Los momentos más puros del filme son, seguramente, los de soledad y peligro. Durante los créditos del final, de pronto vienen, inesperadamente, imágenes de los actores y del equipo, trabajando, los hombres con gafas de sol, las cámaras montadas en trineos, y el efecto es un poco descorazonador. He aquí, expuesta, la ficción, la artesanía fílmica visible, y dos niveles de aislamiento salen de ello conmocionados: el de los personajes y el de los espectadores.
Bernhard escribe de Gould: “Se había atrincherado en su casa. Para toda la vida. Desde siempre, los tres compartimos el deseo de atrincherarnos frente al mundo. Los tres éramos fanáticos natos de las barricadas.”

El inventando Wertheimer es el tercer miembro del culto de las barricadas, y con Monk son cuatro.
Primero está la gradación del lenguaje, un sentido de amenaza cada vez más honda que se desgrana en los propios términos. Introspección, soledad, aislamiento, ansiedad, fobia, depresión, alucinación, esquizofrenia. Luego están los referentes humanos. Monk es libre de toda convención; o hay algo que escasea en su humanidad; o está atrapado en un contexto moderno, llevando encima una mácula de extrañamiento que lo hace sentirse incómodo en el mundo; o es consecuencia de su formación, quizá; o es un puñetero genio —hay que dejarlo en paz—; o el asunto es estrictamente clínico, cuestión de química cerebral; o es de hecho un estado natural, algún terror que tiene alojado en el cerebro primitivo, en el de serpiente, fuera de los empinados límites de todas las cosas que ha colocado para apuntalarlo.
Si conocemos la respuesta, ésta es la pregunta: ¿Cuánto podemos acercarnos al yo sin perderlo todo?

La Montaña de Monk, en la novela de Bernhard, también se llama el Monte de los Suicidas. Todas las semanas, tres o cuatro suicidios.

Las personas reventadas en la calle me han fascinado siempre y yo mismo (¡como, por lo demás, también Wertheimer!) he subido muy a menudo al Mönchsberg, a pie o en ascensor, con la intención de precipitarme desde él, pero no me he precipitado desde él (¡como tampoco Wertheimer!). Varias veces me había preparado para saltar (¡como Wertheimer!), pero, como Wertheimer, no salté.

Lo que Wertheimer sí hizo fue ponerse una soga al cuello y saltar desde lo alto de un árbol.
Hay una duplicación entre Gould y Bernhard que el novelista no tuvo que inventarse. En Treinta y dos cortometrajes, Glenn habla de su miedo a morir. Lo hace, como no podía ser de otro modo, por teléfono, en una cabina pública, hablando con un primo suyo sobre el extraño influjo que ciertos números tienen en los asuntos humanos. Cuando los dígitos de nuestra edad, un siete y un seis, digamos (como en el caso de Schönberg), suman trece, las perspectivas son malas. Schönberg, de hecho, murió a los setenta y seis.
Gould, mientras conversa, está a punto de cumplir los cuarenta y nueve. Le dice al teléfono: “Schönberg sigue hablándome.”

Éste es el poder de los números para una conciencia que nunca termina de absorber el mundo como por un embudo. El mundo es un conjunto de supuestos maquinados para encajar en ellos la propia introversión. Gould eludirá los funestos efectos de ese cuatro y ese nueve, pero sólo técnicamente. Sufrió un ataque dos días después de cumplir los cincuenta, y tardó una semana en morir.
Bernhard, su voluntario compañero del alma del teclado, acabaría convirtiéndose en el doble numerológico de Glenn, fijado a dígitos que suman trece. Murió más entrado en la década, dos días después de haber cumplido los cincuenta y ocho.

En la novela de Bernhard, Glenn muere de modo romántico, tocando las Variaciones Goldberg, como pagando el peaje que el genio reclama. Un suicidio inventado, Wertheimer; un ataque terminal, Glenn Gould.

Otra víctima de un ataque se ve en película, en su capilla ardiente, en San Pedro de Nueva York, la iglesia del jazz, mientras sus admiradores desfilan por delante de él, muy despacio. Ahí tenemos a Thelonious Sphere Monk, que por fin dejó de dar vueltas sobre sí mismo.

3
Una foto de buen tamaño cuelga de una pared en la habitación donde trabajo. Fue tomada en 1953, en blanco y negro, y se ve en ella a un grupo de jazz tocando en un club de Greenwich Village. En manos de un cronista inspirado, esta foto podría dar lugar a todo un libro de meditaciones sobre los retratados y su época. Pero bástenos con estas escuetas palabras:
Monk, delante, sin gorra, con traje a rayas, con la boca abierta, con las manos en el teclado. En el extremo izquierdo, Mingus, con la cabeza inclinada, el rostro en la sombra, las manos trabajando las cuerdas de su bajo. Muy al fondo, Roy Haynes a la batería, con los ojos muy abiertos, el rostro flotando por encima del platillo alto, justo a su izquierda un mural de una mujer recostada, desnuda, una figura sacada del viejo Village bohemio. Y en el extremo derecho, mirando hacia otro lado, no hacia el grupo y dando la impresión de estar fuera de encuadre, trajeado de blanco, con saxofón, está Charlie Parker, intenso como una ventisca de verano.

Es la leyenda situada sobre la cabeza del saxofonista lo que define en última instancia la fotografía: dos palabras escritas a mano en la foto, en letras blancas, como de tiza, a juego con el traje de Charlie Parker:
Bird vive.

Este epitafio, escrito con tiza o pintura en las aceras y en los túneles del metro tras la muerte de Bird, a los treinta y cuatro años, posee el toque emocional antiguo de una inscripción romana en una pared que está desmoronándose. Es un clásico grito humano contra la idea del fin. ¿Qué podemos dejar atrás que se agarre a la memoria terrenal? Quien utilizó primero el grafito de Bird fue un poeta beat llamado Ted Joans, que, por su parte, murió hace poco. Tres de los hombres de la foto están muertos, todos menos Roy Haynes, que sigue trabajando a sus setenta y tantos muy corridos, pero todos comparten una posteridad, por supuesto, en disco compacto, en cinta y en el viejo vinilo, y en las mentes y las sensibilidades musicales de innumerables personas, solas, en una habitación, escuchando.
Donde yace Glenn Gould, una pequeña lápida está grabada con las señales de otra clase de permanencia, en granito: las tres primeras notas del tema de las Variaciones Goldberg.
Thomas Bernhard fue enterrado en secreto, en Viena, una hora antes de lo previsto, para garantizar los términos de su privacidad.
Charles Mingus es pura materia mineral en el río sagrado, el Ganges: su viuda esparció sus cenizas, antes del alba, para hacerle más fácil la reencarnación.

4
Al final de Treinta y dos cortometrajes, una figura cruza la superficie de permafrost, alejándose de la cámara, en dirección al horizonte helado. El cielo es azul pizarra y rosa desvaído y la imagen es la noción del norte.

Los Voyager I y II se lanzaron en 1977: dos naves espaciales norteamericanas que ahora se encuentran en los límites del sistema solar, a doce mil ochocientos millones de kilómetros de la Tierra, primeros objetos fabricados por el hombre que se adentran en el espacio profundo. A bordo, entre otros artefactos, hay una grabación de Glenn Gould interpretando un breve preludio de Bach.

Somos seres inteligentes, versados en matemáticas y capaces de organizar una secuencia coherente de sonidos en el tiempo, para crear una composición unificada, llamada música, una forma de arte cuya verdad, oficio, originalidad, y otras indecibles propiedades, proporcionan una cualidad de placer trascendente, llamada belleza a la mente y los sentidos de quien escucha.

Éste es el mensaje a quienes estén ahí afuera, a una distancia que sólo la muerte puede medir.

Publicado originalmente en el numero 73 de Grand Street en la primavera de 2004

Thursday, May 03, 2007

ULRICH SEIDL



DOCUMENTA MADRID

ZUR LAGE: ÖSTERREICH IN SECHS KAPITELN - Jueves 10 16:00
GOOD NEWS. VON KOLPORTEUREN, TOTEN - Jueves 10 22:45
DER BALL - Viernes 11 18:45
DIE LETZTEN MÄNNER - Viernes 11 18:45
MIT VERLUST IST ZU RECHNER - Viernes 11 22:45
SPASS OHNE GRENZEN - Sabado 12 16:00
BILDER EINER AUSSTELLUNG - Sabado 12 16:00
JESUS, DU WEISST - Sabado 12 20:30
MODELS - Sabado 12 22:45
EINSVIERZIG - Domingo 13 18:45
DER BUSENFREUND - Domingo 13 18:45
BRÜDER, LASST UNS LUSTIG SEIN - Domingo 13 20:30
TIERISCHE LIEBE - Domingo 13 20:30

Todas las peliculas se proyectaran en el Circulo de Bellas Artes

"Como hijo de su tiempo, Seidl hace cine con cucharas de plástico, con los objetos que le ofrece su entorno, con los detritus de la sociedad en la que vive. Como nieto de la Viena de Wittgenstein, en cambio, plantea ese intercambio como un intento de hacer hablar a las cosas que no entiende, como una recuperación lingüística que a veces no puede ser posible, de ahí la terrible distancia entre el autor y su película en Tierische Liebe o Hundstage, y en otras ocasiones si surte efecto, produciéndose el milagro de la resurrección, de la redención de esas imágenes que se agitan en la pantalla, de ahí la empatia con Rene y Karl en Der Bussenfreund y Die Letze Manner" Carlos Losilla

Friday, April 20, 2007

TERUTO SOEJIMA


VIRTALÄHDE



VIRTALÄHDE VIRKA- JA VÄKIVALTA (2002, pHinnMilk 01)

"Imagine Peter Brötzmann and early Pharaoh Sanders blowing together to a microphone connected to an amplifier connected to an amplifier both tuned up to eleven. Add some Edward Vesala with hammers and full dishwashers and there you have it." viima

pHinnMilk's discography:

phnnmlk-0
Club Telex Noise Ensemble: Just To Disturb You A Little Bit CD-R (June 2001)

phnnmlk-1
Virtalähde: Virka- ja väkivalta CD-R (March 2002)

phnnmlk-2
Kohinatuotanto (a.k.a. Noise Production): Äänikemia CD-R (May 2002)

phnnmlk-3
Club Telex Noise Ensemble vs various artists: CTNERMX CD-R (March 2003)

phnnmilk-4
Unidentified Sound Objects: Richard D. Anderson Album CD-R (January 2005)

Research:
Finnscene: The Prehistory click
Urho Kaleva Kekkonen click

Thursday, April 12, 2007

LA IMAGEN FANTASMA



LA IMAGEN FANTASMA

"La expresión fantasmagórico surge en torno a 1800 y proviene del ámbito de los espectáculos de óptica, más en concreto de las innovadoras sesiones de linterna mágica celebradas en París, pocos años después de la Revolución. Étienne Gaspar Robert, conocido como Robertson, inventor del fantascopio, se apropió para sus “entretenimientos filosóficos” del nombre Phantasmagoría: resultado de añadir al término fantasma la terminación derivada agoréuo -yo hablo-. El vocablo tuvo un enorme éxito y pronto pasaría a constituirse en una nueva categoría cultural. En su tesis sobre el fetichismo de la mercancía, Marx descubría toda su potencialidad metafórica cuando afirmaba que en el capitalismo la relación social entre los hombres “toma la forma fantasmagórica de una relación entre cosas”. De este modo aludía al fundamento social de nuestras “ilusione fúnebres” y por extensión, al carácter ontológicamente ilusorio y espectral del estatus de lo real en el mundo desacralizado.

Lo fantasmático como categoría cultural surge aproximadamente un siglo después, en torno a 1900, y proviene, como uno de sus conceptos fundamentales -y en alguna medida, fundacionales-, del ámbito psicoanalítico. En general, alude a una estructura constituyente de la “realidad psíquica”, encubridora del deseo y estrechamente vinculada con lo escópico. Actualizado y potenciado por Lacan, el término fantasma sigue aludiendo a una estructura primaria de la subjetivación, pero perfila y restringe más su significado para convertirse en aquello que vela y enmarca lo real entendido como lo irrepresentable." Jose Diaz Cuyas

Conferencias:
José Díaz Cuyás Visiones Aereas VER
Vicente José Benet El Peso de la Luz: la Materia de los Espectros Cinematográficos VER
Juan José Lahuerta Interior con esqueleto VER
Georges Didi-Huberman El Gesto Fantasma VER
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Wednesday, April 04, 2007

DAVID PERLOV



DAVID PERLOV DIARY (1973-1983)

"Existe una forma de calibrar si un diario cinematográfico es sincero o deshonesto. Los buenos diarios no suelen reservarse ningún misterio. Desde el principio se abren por completo, sin postergaciones ni suspense. Cuando no nos entregan desde el primer plano toda su intensidad y razón de ser es preferible desconfiar y prever el engaño y el cálculo. El principio de los diarios de Perlov revela por entero su misterio. Recluido en su apartamento de Tel Aviv, hastiado de ver rechazados todos los proyectos que presenta ante las instituciones cinematográficas israelíes, Perlov decide filmar su vida desde las ventanas de casa. Un gesto de desesperación. Estamos en octubre de 1973 y se ha declarado la guerra del Yom Kippur. ¿Qué puede filmar un hombre en las habitaciones de casa y desde una ventana, mas allá de la cotidianidad anecdótica o el lento paso de los dias? En realidad, cosas demasiado pesadas y dolorosas de sostener" Gonzalo de Lucas

Research:
David Perlov They changed my life PDF
Talya Halkin The Diary of David Perlov PDF
David Perlov My Diaries PDF

Friday, March 30, 2007

TORTURA

"En cierto sentido, quienes no defienden claramente la tortura pero la aceptan como tema legítimo de debate son más peligrosos que los que la apoyan de forma explícita: el apoyo explícito sería un escándalo y, por tanto, se rechazaría, mientras que la mera inclusión de la tortura como asunto legítimo nos permite coquetear con la idea y conservar una conciencia pura: "¡Por supuesto que estoy contra la tortura, pero no hace daño a nadie que hablemos de ella!". Esta legitimación de la tortura como tema de debate altera el trasfondo de las suposiciones y opciones ideológicas de manera mucho más drástica que su defensa descarada, porque transforma todo el campo de discusión, mientras que, sin ese cambio, la defensa abierta sigue siendo una opinión idiosincrásica.

La moralidad no es nunca una cuestión exclusiva de la conciencia individual; sólo puede florecer si se apoya sobre lo que Hegel llamaba "el espíritu objetivo" o la "sustancia de las costumbres", la serie de normas no escritas que constituyen el trasfondo de la actividad de cada individuo y nos dicen lo que es aceptable y lo que es inaceptable. Por ejemplo, una señal de progreso en nuestras sociedades es que no es necesario presentar argumentos contra la violación: todo el mundo tiene claro que la violación es algo malo, y todos sentimos que es excesivo incluso razonar en su contra. Si alguno pretendiera defender la legitimidad de la violación, sería triste que otro tuviera que argumentar en su contra; se descalificaría a sí mismo. Y lo mismo debería ocurrir con la tortura."
Slavoj Zizek

Wednesday, March 28, 2007

AK



CHRIS MARKER AK (1985)

"El Sensei es aquel que habiendo alcanzado la perfeccion tecnica obtiene una especie de premio espiritual. El aura de respeto que irradia y protege a Kurosawa no tiene nada que ver con el miedo que algunos carentes de su genio creen necesario que reine en el plato. Y como antaño hacian los grandes maestros del sable, Sensei ignora la abstraccion, habla sobre su oficio, reflexiona sobre los hechos. Sobre las experiencias. Cuando se le pregunta porque ha hecho esto o aquello, el responde: me ha venido de forma natural" Chris Marker

Es fascinante como a veces una palabra toma significado en voz de otros, la belleza prestada es un término que podria parecer gastado por la interminable sucesion de cliches que aparecen dia si y dia tambien en todo tipo de imagenes, el prestamo parece haberse convertido en una forma de expresion mas que en un recurso del que poder formar algo personal y unico. Pero Marker, Oh Marker! Eso es otra cosa.

Friday, March 23, 2007

GEORGE MÉLIÈS



La Magia de Melies.

Jueves 22 / Sabado 24:
Une partie de cartes (1896)
Un peu de feu S.V.P. (1904)
La Sirène (1904)
Le Déshabillage impossible (1900)
Une nuit terrible (1896)
Les 400 Farces du diable (1906)
Le Chevalier Mystère (1899)
La Colle universelle (1907)
Le Dirigeable fantastique (1905)
L'Oeuf du sorcier (1902)
Voyage dans la lune (1902)
Jeanne D'Arc (1900)
Une indigestion (1902)
Le Diable au couvent (1899)
Voyage de Gulliver à Lilliput et chez les géants (1902)
Illusions fantaisistes (1909)

Viernes 23:
Escamotage d'une dame chez Robert-Houdin (1896)
La Tentation de Saint-Antoine (1898)
Le Diable noir (1905)
Voyage dans la lune (1902)
La Chrysalide et le Papillon (1901)
Le Livre magique (1900)
Tom Tight et Dum Dum (1903)
Le Merveilleux Éventail vivant (1904)
L'Impressionniste fin de siècle (1899)
L'Homme orchestre (1900)
Les Cartes vivantes (1905)
L'Homme à la tête en caoutchouc (1902)
French Interpreter Policeman (1908)
Nouvelle Luttes extravagantes (1900)
Une indigestion (1902)
Au royaume des fées (1903).

Sabado 24 / Domingo 25:
Une homme de têtes (1898)
Voyage dans la lune (1902)
Après le bal le tub (1897)
Spiritisme abracadabrant (1900)
Barbe-Bleue (1901)
Le Cake-walk infernal (1903)
Le Voyage de Gulliver à Lilliput et chez les géants (1902)
Le Thaumaturge chinois (1904)
Satan en prison (1907)
La Fée Carabosse (1906)
À la conquête du Pôle (1912)

Presentado por: Marie-Hélène Lehérissey-Méliès.
Acompañamiento de piano: Lawrence Lehérissey.

Friday, March 16, 2007

EVENTS IN THIS MIRROR MAY BE CLOSER THAN THEY APPEAR



JOHAN GRIMONPREZ DIAL H-I-S-T-O-R-Y (1998)

"Cuando en television escuchas un monton de musica y ves muchos paisajes... a eso lo llaman film-ensayo. Mucha atmosfera y periodismo vago, eso es un ensayo... El termino... ha perdido significado" Harun Farocki

El documental reciente esta convirtiendose peligrosamente en un dibujo animado, su faceta de insuflar aire a la realidad y cuestionar los metodos de aprehension que los medios actuales tienen es cada vez mas ficticia y efectista. Las imagenes abandonan su relacion inmediata con la historia para aparecer como estetica carente de significado. Un simulacro, como bien dijo aquel, un fantasma de lo que fue en su dia, memoria de un presente que no debe ser abandonado.

Monday, March 05, 2007

LUCRECIA MARTEL



LUCRECIA MARTEL LA CIENAGA (2001)

"Era uno de esos domingos de mediados del verano, cuando todos se sientan y comentan:

– Anoche bebí demasiado. –Quizá uno oyó la frase murmurada por los feligreses que salen de la iglesia, o la escuchó de labios del propio sacerdote, que se debate con su casulla en el vestiarium, o en las pistas de golf y de tenis, o en la reserva natural donde el jefe del grupo Audubon sufre el terrible malestar del día siguiente.

Bebí demasiado –dijo Donald Westerhazy.

– Todos bebimos demasiado –dijo Lucinda Merrill.

– Seguramente fue el vino –dijo Helen Westerhazy-. Bebí demasiado clarete.

Esto sucedía al borde de la piscina de los Westerhazy. La piscina, alimentada por un pozo artesiano que tenía elevado contenido de hierro, mostraba un matiz verde claro. El tiempo era excelente. Hacía el oeste se dibujaba un macizo de cúmulos, desde lejos tan parecido a una ciudad –vistos desde la proa de un barco que se acercaba- que incluso hubiera podido asignársele nombre. Lisboa. Hackensack. El sol calentaba fuerte. Neddy Merrill estaba sentado al borde del agua verdosa, una mano sumergida, la otra sosteniendo un vaso de ginebra." John Cheever

Tuesday, February 27, 2007

SCREEN PLAY




Esto se merecia una minima actualizacion:

Este viernes en la casa encendida habra fuegos artificiales. Menudos nombres los que acompañaran las imagenes del mago del crujido, es un festin sin igual. Que alegria. Y ademas la jornada de tres dias cerrara con Metamkine. WOW.

Screen Play promete ser un viaje visual y sonoro por lugares transitados por imagenes hoy en dia perdidas y en desuso, retomadas desde un prisma diferente que las resitua y descontextualiza. El problema parece ser la nula interaccion de Marclay y el bucle al que parece abocada la obra al ser proyectada tres veces. Ideada como una obra de improvisacion que muta segun sus interpretes, la tarea de Butcher y compañia sera determinate.

Trío 1: Steve Beresford, electrónica. John Butcher, saxofones y electrónica. Paul Lovens, batería.

Trío 2: Christopher Williams, contrabajo. Tom Chant, saxofón. Steve Noble, batería.

Trío 3: Wade Matthews, clarinete bajo, alto, flauta, software síntesis. Andrés Arregui, saxofón, Flugelhorn. Jesus Jara, tuba.

Saturday, February 17, 2007

CHARLES BAUDELAIRE

Baudelaire y la critica de arte me acompañaran Todo el fin de semana hasta que termine un mini trabajo que deberia entregar el lunes.

La moral del juguete

Hace muchos años -¿cuantos? no lo sé; se remonta a los nebulosos tiempos de la primera infancia-, mi madre me llevó de visita a casa de una señora Panckoucke. ¿Era la madre, la mujer, la cuñada del Panckoucke actual? Lo ignoro. Me acuerdo que era un palacete muy tranquilo, uno de esos palacetes en que la hierba verdea los rincones del patio en una calle silenciosa, la rue des Poitevins. Esta casa tenía fama de ser muy hospitalaria, y determinados días se volvía luminosa y ruidosa.

He oído hablar muchas veces de un baile de máscaras en el que el Sr. Alexandre Dumas, al que entonces llamaban el joven autor de Henry III, produjo gran sensación, con la Srta. Elisa Mercoeur cogida de su brazo, disfrazada de paje.

Me acuerdo claramente de que esta dama estaba vestida de terciopelo y pieles. Al cabo de algún tiempo, dijo: «He aquí un muchachito al que quiero darle algo, para que se acuerde de mí». Me cogió de la mano, y atravesamos varias estancias; después abrió la puerta de una habitación que ofrecía un espectáculo extraordinario y verdaderamente fantástico. Las paredes no se veían, tan cubiertas de juguetes estaban. El techo desaparecía bajo una floración de juguetes que colgaban como maravillosas estalactitas. El suelo apenas ofrecía un estrecho sendero en el que poner los pies. Había allí un mundo de juguetes de todas clases, desde los más caros a los más modestos, desde los más simples a los más complicados.

«He aquí, dijo, el tesoro de los niños. Dispongo de un pequeño presupuesto dedicado a ellos, y cuando viene a verme un niñito amable, lo traigo aquí, para que se lleve un recuerdo mío. Elige.»

Con esa admirable y luminosa prontitud que caracteriza a los niños, en quienes el deseo, la deliberación y la acción forman, por así decir, una sola facultad, por la que se distinguen de los degenerados hombres, en quienes, por el contrario, la deliberación devora casi todo el tiempo, me apoderé inmediatamente del más bonito, del más caro, del más llamativo, del más fresco, del más extraño de los juguetes. Mi madre protestó por mi indiscreción y se opuso obstinadamente a que me lo llevara. Quería que me contentase con un objeto infinitamente mediocre. Pero yo no podía permitirlo y, para llegar a ese acuerdo, me conformé con un justo medio.

A menudo he fantaseado con la idea de conocer a todos los amables niñitos que, al haber en la actualidad atravesado una buena parte de la cruel vida, manejan desde hace tiempo nada más que juguetes, y cuya despreocupada infancia cogió en otro tiempo un recuerdo en el tesoro de la Sra. Panckoucke.

Esta aventura es la causa de que no pueda detenerme ante una tienda de juguetes, y pasear mis ojos por el inextricable revoltijo de sus curiosas formas y de sus colores dispares, sin pensar en la dama vestida de terciopelo y pieles, que se me aparece como el Hada de los juguetes.

He conservado además un efecto duradero y una admiración razonada por esta singular estatuaria, que, por su lustrosa limpieza, el brillo cegador de sus colores, la violencia en el gesto y la decisión en la forma, tan bien representa las ideas de la infancia sobre la belleza. En un gran almacén de juguetes hay una alegría extraordinaria que lo hace preferible aun hermoso piso burgués.

¿No se encuentra allí toda la vida en miniatura, y mucho más coloreada, limpia y reluciente que la vida real? Allí vemos jardines, teatros, hermosos vestidos, ojos puros como el diamante, mejillas encendidas por la pintura, encajes encantadores, coches, caballerizas, establos, borrachos, charlatanes, banqueros, comediantes, polichinelas que parecen fuegos artificiales, cocinas y ejércitos enteros, bien disciplinados, con caballería y artillería.

Todos los niños hablan a sus juguetes; sus juguetes se convierten en actores en el gran drama de la vida, reducido por la cámara oscura de su pequeño cerebro. Los niños demuestran con sus juegos su gran capacidad de abstracción y su elevada potencia imaginativa. Juegan sin juguetes. No hablo de esas niñas que juegan a las señoras, se hacen visitas, se presentan a sus imaginativos hijos y hablan de sus vestidos. Las pobres pequeñas imitan a sus mamás: preludian ya su inmortal puerilidad futura, y ninguna de ellas, con seguridad, será mi mujer…-Pero la diligencia, el eterno drama de la diligencia jugado con sillas: la diligencia-silla, los caballos-sillas, los viajeros-sillas; ¡lo único vivo es el postillón! El tiro permanece inmóvil, y sin embargo devora con ardiente rapidez espacios ficticios. ¡Que simplicidad de puesta en escena! ¿No es para hacer ruborizarse de su impotente imaginación a ese público hastiado de que exige a los teatros una perfección física y mecánica y no concibe que las piezas de Shakespeare seguirán siendo bellas con un aparato de una bárbara simplicidad?

¡Y los niños que juegan a la guerra! No en las Tullerías con verdaderos fusiles y verdaderos sables; hablo del niño solitario, que gobierna y lleva por sí solo al combate dos ejércitos. Los soldados pueden ser tapones, dominós, peones, tabas; las fortificaciones serán tablas, libros, etc.; los proyectiles, canicas o cualquier otra cosa; habrá muertos, tratados de paz, rehenes, prisioneros e impuestos.

He observado en varios niños la creencia de que lo que constituía una derrota o una victoria en la guerra era el mayor o menor número de muertos. Más adelante, incorporados a la vida universal, obligados ellos mismos a luchar para no ser vencidos, aprenderán que una victoria es a menudo incierta, y que no es una autentica victoria más que cuando es la cumbre de un plano inclinado, por donde el ejército se deslizara con velocidad milagrosa, o bien el primer término de una progresión infinitamente creciente.

Esta facilidad para contentar su imaginación testimonia la espiritualidad de la infancia en sus concepciones artísticas. El juguete es la primera iniciación del niño en el arte, o más bien su primera realización, y, llegada la madurez, las realizaciones perfeccionadas no darán a su espíritu los mismo calores, ni los mismos entusiasmos ni la mima creencia.

Y asimismo, analicen ese inmenso mundos infantil, consideren el juguete bárbaro, el juguete primitivo, cuyo problema consistía para el fabricante en construir una imagen tan aproximada como fuera posible con elementos tan simples, tan poco costosos como fuera posible: por ejemplo, el polichinela plano, movido por un solo hilo; los herreros que golpean el yunque; el caballo y su cabalero en tres piezas, cuatro clavijas para las piernas, la cola del caballo formando un silbato y en ocasiones el caballero llevando una plumita, lo que es un gran lujo; -es el juguete de cinco céntimos, de dos céntimos, de un céntimo. ¿Creen ustedes que esas imágenes simples crean una realidad menor en el espíritu del niño que esas maravillas del año nuevo que son más un homenaje del servilismo parásito a la riqueza de los padres que un regalo a la poesía infantil?

Tal es el juguete del pobre. Cuando salgan por las mañanas con la intención decidida de callejear solitariamente por las avenidas, llénense los bolsillos de esas pequeñas invenciones, y, junto a las tabernas, al pie de los árboles, regálenlas a los niños desconocidos y pobres que encontrarán. Verán agrandárseles desmesuradamente los ojos. Primero no se atreverán a cogerlo, dudaran de su suerte; después sus manos atraparan ávidamente el regalo, y huirán como hacen los gatos que van a comer lejos de uno el trozo que se les ha dado, al haber aprendido a desconfiar del hombre. Esta es sin duda una gran diversión.

A propósito del juguete del pobre, he visto algo aún más sencillo, pero más triste que el juguete de un céntimo: -es el juguete vivo. En una calle, detrás de la verja de un hermoso jardín, al fondo del cual aparecía un hermoso castillo, se encontraba un niño guapo y fresco, vestido con uno de esos trajes de campo llenos de coquetería. El lujo, la despreocupación y el espectáculo habitual de la riqueza hacen a esos niños tan guapos que no se les creería hechos de la misma pasta que los hijos de las mediocridades o de la pobreza. Junto a él yacía en la hierba un juguete esplendido, tan fresco como su dueño, barnizado, dorado, con un hermoso vestido, y cubierto de plumas y abalorios. Pero el niño no hacia caso a su juguete y he aquí lo que miraba: del otro lado de la verja, en la calle, entre los cardos y las ortigas, había otro niño, sucio, bastante feo, uno de esos críos en los que el moco se abre lentamente camino entre la grasa y el polvo. A través de esos barrotes de hierro simbólicos, el niño pobre mostraba al niño rico su juguete, que éste examinaba ávidamente, como un objeto raro y desconocido. Ahora bien, ¡ese juguete que el pequeño puerco provocaba, agitaba y zarandeaba en una caja agujereada era una rata viva! Los padres, por economía, habían sacado el juguete de la vida misma.

Creo que generalmente los niños actúan sobre sus juguetes; en otros términos, que su elección esta dirigida por disposiciones y deseos, vagos, es cierto, no formulados, pero muy reales. Sin embargo, no afirmaría que no suceda lo contrario, es decir, que los juguetes actúen sobre el niño, especialmente en los casos de predestinación literaria o artística. No sería sorprenderte que un niño de esta clase, a quien sus padres regalaran principalmente teatros, para que pudiera continuar sólo el placer del espectáculo y de las marionetas, se acostumbrara ya a considerar el teatro como la forma más deliciosa de lo bello.

Hay una clase de juguete que tiende a multiplicarse desde hace algún tiempo, y del que no hablaré ni bien ni mal. Me refiero al juguete científico. El principal defecto de esos jugotes es el de ser caros. Pero pueden entretener durante mucho tiempo y desarrollar en el cerebro del niño el gusto por los efectos maravillosos y sorprendentes. El estereoscopio, que da en relieve una imagen plana, pertenece a ese grupo. Tiene ya varios años. El fenakitiscopio, más antiguo, es menos conocido, Imaginen un movimiento cualquiera, por ejemplo un ejercicio de bailarín o malabarista, dividido y descompuesto en un cierto numero de movimientos; imaginen que cada uno de esos movimientos –hasta el numero de veinte, si quieren-, esté representado por una figura entera de malabarista o de bailarín, y que todos estén dibujados en torno a un circulo de cartón. Ajusten ese círculo, e igualmente otro círculo agujereado, a distancias iguales, por veinte ventanitas, a un pivote en el extremo de un mango que se sostenga lo mismo que se sostiene una pantalla ante el fuego. Las veinte figuritas, representando el movimiento descompuesto de una sola figura, se reflejan en un espejo situado frente a ustedes. Coloquen el ojo a la altura de las ventanitas, y hagan girar rápidamente los círculos. La rapidez de la rotación transforma las veinte aberturas en una sola circular, a través de la cual verán reflejarse los mismos movimientos con una precisión fantástica. Cada figurita se ha beneficiado de las otras diecinueve. En el círculo, da vueltas, y su rapidez la hace invisible; en el espejo, vista a través de la ventana giratoria, está inmóvil, ejecutando en el sitio todos los movimientos distribuidos entre las veinte figuras. El número de cuadros que se pueden crear así es infinito.

Me gustaría decir unas palabras sobre las costumbres de los niños respecto a sus juguetes, y sobre las ideas de los padres en esa conmovedora cuestión. –Hay padres que nunca regalan juguetes. Son personas graves, excesivamente graves, que no han estudiado la naturaleza, y que generalmente hacen desgraciados a todos los que les rodean. No sé porque me figuro que apestan a protestantismo. No conocen ni permiten los medios poéticos de pasar el tiempo. Son las mismas personas que darían gustosas un franco a un pobre, a condición de que se atiborarrara de pan, y le negarían siempre dos céntimos para que apagara su sed en la taberna. Cuando pienso en cierta clase de personas superrazonables y antipoéticas que tanto me han hecho sufrir, siento que el odio pellizca y agita mis nervios.

Hay otro padres que consideran los juguetes como objetos de muda adoración; hay trajes que al menos está permitido ponerse los domingos; ¡pero los juguetes deben tratarse de muy distinta manera! Y así, apenas el amigo de la casa ha depositado su ofrenda en el mandil del niño, la madre feroz y ahorrativa se precipita encima, lo guarda en un armario, y dice: Es demasiado bonito para tu edad; ¡lo usarás cuando seas mayor! Uno de mis amigos me confesó que nunca había podido disfrutar de sus juguetes. –Y cuando me hice mayor, añadía, tenia otras cosas que hacer. –Por lo demás, hay niños que hacen lo mismo: no usan sus juguetes, los economizan, los ponen en orden, hacen con ellos bibliotecas y museos, y de vez en cuando los enseñas a sus amiguitos rogándoles no tocar. Desconfiaría de buena gana de esos niños-hombres.

La mayoría de los críos quieren sobre todo ver el alma de, unos al cabo de algún tiempo de ejercicio, otros enseguida. La invasión mas o menos rápida de ese deseo es la que decide la mayor o menor longevidad del juguete. No tengo el valor de reprochar esa manía infantil: es una primera tendencia metafísica. Una vez que ese deseo se fija en la médula cerebral del niño, llena sus dedos y sus uñas de una agilidad y una fuerza singulares. El niño da vueltas y más vueltas a su juguete, lo araña, lo agita, lo golpea contra las paredes, lo tira al suelo. De vez en cuando hace que recomience sus movimientos mecánicos, a veces en sentido inverso. La vida maravillosa se detiene. El niño, como el pueblo que sitúa las Tullerías, hace un esfuerzo supremo; por último lo entreabre, él es el más fuerte. ¿Pero dónde está el alma? Aquí comienzan el estupor y la tristeza.

Hay otros que rompen enseguida el juguete apenas lo tienen entre las manos, apenas examinado: en cuanto a éstos, confieso que ignoro el sentimiento misterioso que los hace actuar. ¿Les invade una cólera supersticiosa contra esos menudos objetos que imitan la humanidad, o bien les hacen sufrir una especie de prueba masónica antes de introducirse en la vida infantil? ¡Puzzling question!

Articulo aparecido en Le Monde Litteraire el 17 de abril de 1853

Mas info:
Javier Perez Segura Nuevas imaginerias del arte: el juguete como escultura moderna PDF

Friday, February 16, 2007

FRANCISCO LOPEZ



Transformar (Del lat. transformare): Hacer cambiar de forma a alguien o algo.

El mundo como instrumento OIR

Thursday, February 15, 2007

TEENAGE JESUS & THE JERKS



TEENAJE JESUS & THE JERKS TEENAGE JESUS & THE JERKS (1979, LUST)

Creo que podria escuchar este maxi un millon de veces. Ya he hablado mas de una vez del ritmo sincopado y espasmodico, aquel que solo viene guiado por los impulsos, sin mas razon de ser que el dejarse llevar en un continuum irracional. Lunch, Sclavenous, Field y Stevenson son lo mas parecido a un amor de adolescencia con una chica mas bien dificil. ARRRGHHH

Tuesday, February 13, 2007

HONG SANG-SOO



HONG SANG-SOO EL PODER DE LA PROVINCIA DE KANGWON (1998)

Hong da lo que promete:

"Algun critico ha escrito -y no le falta razon- que todos los films de Hong Sang-soo parecen narrar una determinada historia en su primera mitad para despues, en la segunda parte, re-contarla en terminos bien distintos y, en todo caso, profundamente enriquecedores. El poder de la provincia de Kangwon no escapa, desde luego, a esta regla; antes bien, se erige en paradigma destacado del brillante quehacer de Hong, quizas no tanto un emulo coreano de Kieslowski (al decir de algunos) como un emblematico explorador de las potencialidades de un cierto minimalismo asiatico que haria de las largas tomas, de una rabiosa economia expresiva y del sistematico recurso a la repeticion sus mejores bazas (Bordwell dixit). Sea como fuere, El poder de la provincia de Kangwon no solo es un complejo y apasionante rompecabezas de perfiles postmodernos, sino a la postre una desgarradora historia de amor y desamor que solo los espectadores pacientes podran disfrutar -¡pero como!- cuando el cineasta tenga a bien recoger los hilos de su narracion. Fuera de toda duda, una de las obras maestras de la historia del cine coreano" Alberto Elena

Hoy miercoles estara Hong Sang-soo departiendo amigablemente por la casa encendida.

Sunday, February 11, 2007

LA EXPOSICION INVISIBLE



El Centro Jose Guerrero ha puesto en formato pdf los textos del catalogo de la singular propuesta sobre arte sonoro que se inauguro hace una semana.

Textos:
Delfim Sardo Habla conmigo. Sonido y contenido visual en el arte contemporaneo
Douglas Kahn Los ruidos de la vanguardia
Jose Iges Paisajes sonoros: una aproximacion historica
Olivier Razac La musica de las delimitaciones del espacio
Guy Rosolato La voz: entre el cuerpo y el lenguaje
Christophe Kihm Arreglos musico-plasticos. Discursos criticos y practicas artisticas contemporaneas
John Cage El futuro de la musica

Wednesday, February 07, 2007

GLENN BRANCA





Puede que esto sea lo mas grande que haya escuchado.

Did you hear it? I had to read in Bklyn Bridge Anchorage and would have much much much preferred to hear the Branca gig. I heard him at the Kitchen once and it almost made my ears bleed. Tell me all.

I heard it. In fact, I'm still hearing it. I'm surprised *you* didn't hear it! That was the first time I've heard a Glenn guitar piece outdoors, and it really worked. The music's enormous, spacious natural-force quality fit right in at the base of the WTC on a warm spring evening. The sound didn't do all those painful bouncing things it can do indoors...

Tuesday, February 06, 2007

DEREK BAILEY

Ha llegado a mis manos el que creo es unico dvd editado hasta la fecha de Derek Bailey. Ha sido muy emocionante poder verle tocar y bromear en un ambiente totalmente distendido, supongo que asi serian los conciertos que ofrecio en Barcelona y que nos comento Rafa cuando estuvimos con el.

El video muestra a Bailey en un espacio muy reducido, se ve a Alan Licht detras suya, con su epiphone sin amplificar y con el estilo que caracteriza los ultimos años de su carrera, bastante mas acelerado que los primeros incus. Es maravilloso verle departir sobre su primer trabajo en una tienda de guitarras o bromeando sobre otras actuaciones como la del sound323, todo ello sin dejar de tocar. El sonido es perfecto y lo unico mejorable del dvd, son un par de arrebatos arties de quien lleva la camara, a veces se ralentiza la imagen y otras vira de color! Pero todo merece la pena por verle acariciar y rasgar la guitarra. Sencillo y genial como pocos resulta este acercamiento. I-n-i-m-i-t-a-b-l-e.

Quien lo quiera ya sabe donde encontrarlo.

Sunday, February 04, 2007

MAURICE PIALAT




"El cine de Pialat es exactamente lo contrario que el de Rohmer o Rossellini, en los que la revelacion de la verdad se encuentra al cabo de errores y cegueras, de palabras vacias. En Pialat no hay balbuceos hacia la verdad ni hay que descifrar un camino azaroso: la desgracia es inicial y el personaje sabe inmediatamente que ha empezado en el mismo segundo en que empieza su calvario, y que, ni la palabra obsesiva, ni el enracimarse al que, no obstante, se va a lanzar a tumba abierta, conseguiran sacarlo de ahi."
Alain Bergala

Las heridas y el tiempo.